III° Domingo del Tiempo Ordinario, 21 de enero de 2018

IR Y PREDICAR
“Está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio.” (Mc 1, 15)

Iº lectura: Jon 3, 1-5.10; Salmo: 24; IIº lectura: 1Cor 7, 29-31; Evangelio: Mc 1, 14-20

Predicar el mensaje de Dios; arrepentirnos y convertirnos, siguiendo el camino que el Señor nos indica, son signos de que “el momento es apremiante” (1Cor 7,29) y por tanto, es nuestro deber seguir caminando en nombre de Dios, aquí y ahora, en cada instante y en cada lugar. Ello implica ser decididos al anunciar el Evangelio y denunciar aquello que nos aleja de Dios, aquello que no nos hace discípulos de Jesús y que nos convierte en cómplices de las acciones del maligno.

CREER Y VIVIR EL EVANGELIO

La vida cristiana está radicada en el amor a Dios y la fe que tenemos en Él. La situación actual que vivimos, nos ofrece la oportunidad de ser discípulos del Maestro del amor y por ende, predicar lo que desea el Señor del hombre de hoy: “Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres; crean en el Evangelio” (Mc 1,19). ¿Será posible seguir los pasos de Cristo en medio de la necedad y la indiferencia que tantas veces se presenta?

La llamada de Señor a aquellos pescadores es la misma que hace a todos nosotros. Una llamada que se realiza en medio de las dificultades que estamos viviendo, en el ámbito de una crisis que pareciera no tener vía de salida. Sin embargo, nuestra actitud es y debe ser de convicción: es necesario seguir sin doblez y con valentía a Jesús, quien nos invita a caminar junto a Él como el único camino que nos salva, siendo profetas en la actualidad, sin miedo y sin temor, sabiendo que la Palabra de Dios y las acciones concretas a favor de su Pueblo, son garantía de la unidad que realmente debemos vivir.

El mensaje de Cristo implica, ante todo, una respuesta, ya que se nos invita a convertirnos, a desear mejorar en todo y a ser verdaderos seguidores del Maestro del amor. En segundo lugar, la conversión que nos hace cambiar de vida, nos lleva a creer más en el Evangelio y a entender, en tercer lugar, que somos los responsables de transmitir esa palabra. Es una buena noticia que tenemos en nuestras manos para extenderla con convicción, con fe y esperanza.

Encontrar al Mesías y sentir la fuerza de su invitación es la llamada que nos debe mover a evangelizar, y dicho mensaje debe ser llevado a todos sin excepción y con decisión. Es posible seguir a Jesucristo, es posible adherirnos a su vida, es posible orar con el Él y por Él, es posible ser discípulos de Jesús y dar testimonio de ello. Basta creer, decidirse, ir y predicar. Hagamos vida la invitación de Jesús, no tengamos miedo de seguirlo pues en Él tenemos la fuerza que nos ayuda a ser verdaderos discípulos del Evangelio, y con ello, en medio del pueblo, podremos saciar los vacios que dejan las inertes acciones de quienes ostentan ser “salvadores”, creyendo poder callar a quienes seguimos a Jesús, único y verdadero camino.

MARÍA NOS INVITA A SEGUIR A SU HIJO

Acerquémonos a Jesús a través de María nuestra madre del cielo. Ella nos guía por sendas de paz y de bondad y nos llama a seguir a su Hijo: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Dispongámonos a seguir a Jesús, seamos sinceros con Dios y con nosotros mismos, dejemos el miedo y esforcémonos cada día por seguir el camino que nos lleva a la paz. Aunque muchos digan luchar por la paz y busquen otros fines, continuemos con nuestro ideal: en el nombre de Dios, como sus discípulos y sus testigos, unámonos a Él, en espíritu y verdad, con adhesión total y sin exclusión alguna. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

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