VII° Domingo de Pascua, La Ascensión del Señor, 28 de mayo

MIRAR A JESÚS SIN VACILAR
“¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que les ha dejado para subir al cielo volverá como le han visto marcharse…”

Iº lectura: Hch 1, 1-11; Salmo: 46; IIº lectura: Ef 1, 17-23; Evangelio: Mt 28, 16-20

En diversas ocasiones se nos presenta la oportunidad de dirigirnos a Dios usando gestos particulares: mirando hacia arriba, hacia abajo, cerrando los ojos, etc. Este domingo se nos pide algo fundamental: mirar con atención a Jesús resucitado que va al cielo y, a su vez, se queda con nosotros.

ÉL ESTÁ CON NOSOTROS, CON TODOS

Mirando el entorno podemos constatar la necesidad que existe en el corazón del hombre de hoy. Es fundamental reconocer en Jesús la compañía que nos ofrece y la promesa del Espíritu Santo que nos hace. Cada día, en la casa, en el trabajo, en la oficina, en el campo, en cada uno de nuestros ambientes, sentimos la presencia del resucitado.

Su promesa es estar con nosotros aquí y ahora, caminando a nuestro lado, convirtiendo nuestro corazón. No podemos olvidar que la vida cotidiana se encuentra impregnada de materialismo y relativismo; se le está dando el lugar que no debe tener y se le abren las puertas a todo aquello que aleja de la presencia de Dios. Este domingo de la Ascensión, mientras nos preparamos para la venida del Espíritu Santo, nos debe llevar a sentir una inquietud como en la última cena, en el calvario, en el sepulcro; un ardor en el corazón como en los discípulos de Emaús; una esperanza como aquellos que lo ven subir al cielo.

Muchos hermanos y hermanas nuestros miran con ilusión el testimonio de quienes nos calificamos seguidores de Cristo. Hermanos y hermanas nuestros desean encontrar al Señor, quieren sentir la certeza que su promesa es una realidad que, a su vez, es posible vivirla en fraternidad.

Seremos verdaderos discípulos si optamos por Él en el pobre, en el excluido, en aquellos que viven cada día la desesperanza pero que aún así, siguen fijamente mirando a Cristo para encontrar respuesta en quienes lo siguen. ¿Estamos comportándonos como tal? ¿Somos verdaderos discípulos del resucitado?

CON MARÍA MIRAMOS A JESÚS

Nadie mejor que María Santísima, nuestra madre, conoce a su hijo y es por ello que nos guía hacia Él. Ella nos enseña a caminar junto a Jesús, a mirarlo, sentirlo y experimentar su presencia. Queridos hermanos, unámonos -de verdad- a la nueva evangelización que, en Espíritu y Verdad, nos invita el Señor a realizar en cada uno de nuestros ambientes y junto a nuestros hermanos, ya que su promesa es clara: estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Así sea.

ORACIÓN POR LA PAZ

Señor Jesús, tú guías sabiamente la historia de tu Iglesia y de las naciones, escucha ahora nuestra súplica. Nuestros idiomas se confunden como antaño en la torre de Babel. Somos hijos de un mismo Padre que tú nos revelaste y no sabemos ser hermanos, y el odio siembra más miedo y más muerte. Danos la paz que promete tu Evangelio, aquella que el mundo no puede dar. Enséñanos a construirla como fruto de la Verdad y de la Justicia. Escucha la imploración de María Madre y envíanos tu Espíritu Santo, para reconciliar en una gran familia a los corazones y los pueblos. Venga a nosotros el Reino del Amor, y confírmanos en la certeza de que tú estás con nosotros hasta el fin de los tiempos. Amén.

José Lucio León Duque


Comentarios

Entradas populares de este blog

I° Domingo de Cuaresma

"Un comunicador tachirense"