XXV° Domingo del Tiempo Ordinario, 20 de septiembre de 2015

ACOGER A JESÚS
“La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura, y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera.” (St 3,17)

I° lectura: Sab 2, 12.17-20; Salmo: 53; II° lectura: Stg 3,16-4,3; Evangelio: Mc 9, 30-37

La situación actual que vive la humanidad en la cual se sumergen los sentimientos y experiencias del hombre, nos sirve para entender la liturgia de este domingo. El itinerario que nos lleva a Dios es su palabra, su vida, su acción entre nosotros, su presencia constante en nuestros corazones, su infinita misericordia. Las lecturas de esta jornada nos presentan el modo cómo debemos actuar, vivir y ser discípulos del Señor.

EL MÁS IMPORTANTE: DIOS

La vía que nos conduce a Dios se manifiesta en lo cotidiano, en la praxis de la vida, en lo que realmente se refiere a lo propio del cristiano. El Evangelio de hoy nos da unas pautas importantes y fundamentales que nos llevan a entender la misión a la que se nos llama. Se nos muestra ante todo la importancia de escuchar la voz de Dios que nos invita a trabajar por Él y quien espera a su vez, una respuesta positiva por parte de sus hijos. En un segundo momento se nos presenta la actitud de los discípulos quienes discutían sobre quién sería el primero. Todo esto nos encamina a un tercer punto: entender que nuestra misión de cristianos va dirigida a ser testigos del Evangelio, a seguir la voz del Maestro y a convertirse en servidor. Es necesario descubrir el sentido verdadero de la fraternidad, reflejada totalmente en la vida cotidiana y en el amor al prójimo.

Jesús es tajante ante la actitud de quienes no quieren seguir el mensaje del Evangelio: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado” (Mc 9,39). Nuestra misión es más que una apariencia, más que un si o un no, más que un primer puesto, más que una vida compleja a causa de los obstáculos que nosotros mismos colocamos. La misión es penetrar el corazón del hombre de hoy, llenar las lagunas que existen, enseñar y proclamar la Palabra de Dios, atrayendo a todos hacia Él.

Es por ello que debemos acoger a Jesús, el hombre nuevo, el que es justo y misericordioso…siguiendo su ejemplo, teniendo sus mismos sentimientos, quitaremos de raíz el odio, el egoísmo, la mentira, la calumnia, el pecado, y podremos luchar por una Iglesia y una sociedad justa en la que exista unidad y solidaridad en el nombre de Dios.

MARÍA SANTÍSIMA, CAMINO HACIA JESÚS

Nuestra Madre del cielo es protagonista fundamental en la edificación de la Iglesia. Ella es quien nos lleva de la mano a Jesús para que, junto a toda la Iglesia, podamos ser testigos de la acción misericordiosa de Dios. Que sea ella la luz que guía nuestro caminar y nos conduzca siempre por las vías de la paz, la justicia y la solidaridad. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


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