La Sagrada Familia, 28 de diciembre de 2014

GRACIAS A DIOS POR LA FAMILIA
“Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea su uniforme la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellévense mutuamente y perdónense, cuando alguno tenga quejas contra otro.” (Col 3,12-13)

I° lectura: Eclo 3, 2-6. 12-14; Salmo: 127; II° lectura: Col 3,12-21; Evangelio: Lc 2, 22-40

Este domingo es la continuación del itinerario que todo cristiano debe cultivar y construir: la vida en familia como don de Dios pidiendo para ella y para el mundo su luz y su paz. Las lecturas de este día nos preparan para comprender no sólo lo que es una familia, sino lo que en la vida cotidiana debemos hacer: honrar los padres, sobrellevarse mutuamente, perdonarse, ser luz y fomentar la unidad. Es el mensaje que la Iglesia diocesana y universal nos presenta para ser vivido en medio de la familia y junto a ella.

UN MENSAJE DE PAZ Y FRATERNIDAD 

La vida de todos y cada uno de nosotros debe ser testimonio de paz, de unidad, de armonía. Ello se consigue si vivimos en el respeto, con educación, ayudando a quien lo necesita y fortaleciendo nuestra fe. En medio del desinterés de muchos, tenemos el total amor de Jesús que nos hace parte de su familia, aún en medio de las dificultades que se nos puedan presentar.

Se nos propone para la celebración de la jornada mundial de la paz, la importancia de entender el hecho se sentirnos y ser hermanos: “Ya nunca más esclavos, sino hermanos” (tema del mensaje para la 48a Jornada Mundial de la Paz a celebrarse el 1 de enero de 2015). Todo ello se une a la situación de todas y cada una de nuestras familias, las cuales deben tener como tema principal de oración, la paz y la fraternidad verdaderas.

Es necesario seguir pidiendo por ellas, a fin de que sean fuente de la vida que experimentamos gracias a la presencia de Dios. La paz y la fraternidad deben ser el signo y el símbolo que acompañen la existencia de tantas almas necesitadas de Dios; tantos hombres y mujeres sedientos de su amor, deseosos de tranquilidad y de armonía; tantos niños que, más que un juguete, necesitan cariño y ternura; tantos jóvenes que, más allá de vicios cargados de curiosidad, necesitan una mano amiga, que les acompañe a ser auténticos portadores de esperanza.

La paz y la fraternidad son signo de amor en la familia cuando cada hombre y cada mujer asumen sus propios retos y sus propias responsabilidades; cuando quienes gobiernan los pueblos del mundo se adhieren a vivir en unidad y trabajar por ella; cuando quienes las predicamos, trabajamos y luchamos por ellas teniéndolas en alto como el gran valioso tesoro que son.

En este domingo se nos invita a valorar lo que tenemos: nuestros padres, hermanos, amigos. Se nos pide ser testigos en espíritu y verdad del amor de Dios, que se refleja en el rostro de tantos que viven con el deseo de amar y compartir con los demás, en paz y hermandad.

JUNTOS CON LA SAGRADA FAMILIA

No dejemos apagar la llama que la Navidad encendió en nuestros corazones. Seamos esa luz que camina hacia los sitios más recónditos dónde necesiten de ella. Llevémosla junto a Jesús, José y María, a todas las familias, a todos los hogares y si a alguno de ellos no podemos llegar, dejemos que se extienda gracias a los sentimientos de unidad, de fe y de hermandad que existen en nuestras comunidades, cultivando aún más el deseo de evangelizar en espíritu y verdad, siendo testigos de la paz y la justicia. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

I° Domingo de Cuaresma

"Un comunicador tachirense"