IIº Domingo de Pascua / Fiesta de la Divina Misericordia

Creer y tener fe en Jesús…

“En los primeros días de la Iglesia, todos los hermanos acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión fraterna y se congregaban para orar en común y celebrar la fracción del pan”.

I lectura: Hch 2, 42-47; Salmo: 117; II lectura: 1 Pe 1,3-9; Evangelio: Jn 20,19-31

En la historia, se ha hecho común decir en diversas ocasiones: “ver para creer como Santo Tomás”. Eso proviene de una lectura humana y simple, dejando de lado el verdadero sentido de la actitud de Jesús y del apóstol Tomás, y la importancia de la resurrección en la vida de todos.

Los cristianos: alaban a Dios y se estiman entre sí

Estar en la presencia de Dios es tener fe en Él, es ver el ejemplo que nos da la Iglesia de los primeros siglos y que hoy se debe cultivar más. Es reconocer que la fraternidad es verdadera y algo factible y no un interés más en medio del mundo en el que nos desenvolvemos. Este día “en el que actuó el Señor”, es la puerta que se abre para recorrer un camino de paz y de tranquilidad y poder llevar al mundo entero un mensaje colmado del espíritu de la resurrección. Jesús está vivo y se manifiesta en la Iglesia desde siempre, hace veinte siglos y hoy, en el hombre y en la mujer de todos los tiempos sin excluir a nadie. Se nos invita a orar y a celebrar en común, como hermanos, demostrando con sinceridad que la fe puede mover las montañas de odio y de división que puedan existir. No podemos concebir la Iglesia sin la fraternidad, sin amor, sin comprensión; si esto no existiese habría que luchar cada vez más para cultivar estos valores y principios tan importantes. Podemos ser fieles cristianos si no ponemos en duda la presencia de Jesús, creyendo y teniendo fe en Él. Miremos a santo Tomás y en él, reflexionemos sobre nuestra actitud hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia nuestro prójimo. Cada cristiano está comprometido en el anuncio de la resurrección; en nuestras familias, comunidades, parroquias, etc, esperan el testimonio verdadero de fe de quien opta por Jesús como fiel discípulo y testigo de su amor. Recordemos siempre que la Fe es signo de: fraternidad, unidad, amor a Dios y al prójimo, sinceridad y testimonio de vida. Confiemos en Dios, Él nos ayudará.

María nos ayuda a tener fe…

En la Pascua, María nos enseña a vivir en el amor de Jesús resucitado. Ella nos acompaña en el cenáculo de nuestra vida y nos muestra el camino que debemos seguir. Seamos testigos, en espíritu y verdad, del anuncio del resucitado, un anuncio con el cual se nos invita a unirnos más a Dios y a ser partícipes de la nueva evangelización. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

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