Iº Domingo de Adviento, 30 de noviembre de 2008

Hay que despertar...
“Velen entonces, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes lo digo a todos: ¡Velen!”

Iº lectura: Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Salmo: 79; IIº lectura: I Cor 1,3-9; Evangelio: Mc 13,33-37

Una vez más las puertas de la esperanza reflejadas en el Adviento, se abren a todos los hombres y mujeres que desean formar parte de este itinerario que lleva a comprender una vez más que estamos llamados a ser luz en medio de la oscuridad. Somos obra salida de la mano de Dios, obra que pide el amor del padre amoroso y en el cual confiamos plenamente a pesar de nuestras debilidades. En el camino de la fe, el Señor no nos deja ni abandona. Él nos acompaña y nos enriquece en todo, “en el hablar y el saber” y no nos falta nada porque Dios nos da la gracia y los dones que necesitamos para dar testimonio de vida ante el mundo y en medio de él.

Vigilar es la tarea...
Al inicio del tiempo de Adviento se nos pide estar vigilantes, despiertos y disponibles para recibir la gracia de Dios. No debemos dar espacio para que el enemigo se siga apoderando de nuestras vidas, sino debemos orar constantemente para dar testimonio del Evangelio que nos transmite Jesús. En la actualidad muchas veces nos dormimos, no permanecemos vigilantes sino dejamos que la apatía, la pereza y la duda invadan el corazón. Cada vez que nos olvidamos de trabajar y servir por el Reino de Dios, estamos alejando la posibilidad de caminar en Cristo y en lo que transmite su mensaje. Estar despiertos es tener fe, es vivir esa fe desde el amor de Cristo para transmitir con las palabras y las obras ese amor a los demás. El Santo Padre Benedicto XVI en la catequesis del miércoles 26 de noviembre de 2008 nos dice: “La fe, si es verdadera, es real, se convierte en amor, en caridad, se expresa en la caridad. Una fe sin caridad, sin este fruto, no sería verdadera fe. Sería fe muerta.” Esto demuestra la vía que debemos seguir, un camino de vida, de esperanza, de alegría en medio de las vicisitudes que se puedan presentar. Hagamos el propósito de ser luz en medio del pueblo, de recibir la salvación de la misma cruz, viviendo como hermanos de verdad, dejando de lado divisiones, rencores y todo aquello que nos pueda desunir.

La madre de la luz
María Santísima nos anima y nos ayuda a vivir en esperanza y alegría; ella es ejemplo de fortaleza y sencillez para afrontar la vida como se debe y estar vigilantes a cada momento. Que nadie sienta en su vida que falta el amor de Dios, ya que todos estamos llamados a ser testigos del evangelio viviendo en espíritu y verdad, la unión y el amor que todos los pueblos debemos llevar como única bandera y así obtener la salvación. Esto nos lleva a decir con convicción: unámonos en nombre de Dios para llevar a todos los lugares y a todas las personas el anuncio del mensaje de Jesucristo, unámonos a la Iglesia diocesana en la Nueva Evangelización… oremos, unámonos y vivamos el Evangelio. Así sea.

In questa PRIMA DOMENICA DI ADVENTO, è neccessario rivolgere lo sguardo a colui che ci chiama e ci fa diventare suoi figli. In mezzo al mondo, pieno di sofferenze, di dolore ma anche con la speranza di poter cambiare, siamo tutti chiamati a svegliarci, ad essere luce in mezzo al buio, ad essere veri discepoli del maestro che ci da la vita. Caro fratello, cara sorella, non nascondiamo mai i doni che Dio ci da, anzi, è ora, è un’ora favorevole, di cominciare a evangelizzare e portare a tutti il messagio di vita che è il Vangelo della veritá, della pace, dell’amore…Così sia.

P. José Lucio

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