IV° Domingo de Cuaresma, 26 de marzo de marzo

¡JESÚS ES LA LUZ!
“Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.
Iº lectura: 1Sam 16, 1b. 6-7. 10-13 a; Salmo: 22; IIº lectura: Ef 5, 8-14; Evangelio: Jn 9, 1-41

Hace unos años leía la siguiente frase: “en la cuarezma tanvién devemos convertirnos” y al final encontraba esta explicación: espero sepas disculparme, pues aunque esté escrito mal, la conversión sí la debemos hacer bien”Esto lo he transmitido a muchas personas y lo primero que viene a la mente es corregir y hacer notar que está mal escrito; pero leyendo todo, nos damos cuenta que debemos tener la suficiente paciencia para entender y comprender todas las cosas, sobre todo cuando hay equivocación o error, dejándonos guiar por la luz que nos dona el Señor.

“LOS FRUTOS DE LA LUZ SON LA BONDAD, LA SANTIDAD Y LA VERDAD”

El evangelio nos da una enseñanza muy puntual: Jesús cura al ciego de nacimiento y por encima de todo coloca su amor, su misericordia, la intención plena y total de verlo bien, sano, con buena salud. Jesús da la oportunidad de ver nuevamente la luz y San Pablo nos indica que los frutos que de ella se desprenden son: la bondad, la santidad y la verdad. Esto se une al deseo de querer decir lo que sentimos por Dios, el cual nos sana y nos devuelve la vida en Él.

La bondad, la santidad y la verdad son elementos primordiales de la vida; son fundamentos y pilares de quien vive en Cristo y ve en Él la luz que ilumina la propia vida. Esto se traduce en la vida cotidiana de manera concreta en los dones que recibimos, en los momentos de oración y de trabajo y también en las dificultades que encontremos en nuestro camino.

La actitud de Jesús en este domingo es considerada como un detalle amoroso y de misericordia infinita, ya que deja de lado lo que puedan pensar los demás y centra la atención en el ciego de nacimiento, Él se presenta como la luz del mundo, “yo soy” -nos dice-; manda al ciego a lavarse, a purificarse para luego presentarse ante la gente, ante aquellos que, incrédulos, dudan de la acción de Dios. El hombre curado por Jesús nos dice también de Él: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito… ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”.

MARÍA, EJEMPLO DE LUZ

La vida de Nuestra madre del cielo ha sido luz para todos. Ella, quien junto a la luz del mundo nos enseña a vivir, nos da las pautas para verificar y practicar en esta cuaresma los propósitos que nos hayamos trazado. Uno de ellos es seguir el itinerario que Jesús nos propone: la oración, el ayuno y la limosna, escuchando sus palabras y actuando, en espíritu y verdad, como verdaderos discípulos suyos que se unen a Él. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


III° Domingo de Cuaresma, 19 de marzo de 2017

“SOY YO, EL QUE HABLA CONTIGO”
“La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que Él mismo nos ha dado...”

Iº lectura: Ex 17, 3-7; Salmo: 94; IIº lectura: Rom 5, 1-2. 5-8; Evangelio: Jn 4, 5-42

El itinerario cuaresmal nos invita a discernir cada instante de nuestra vida como un encuentro particular y especial con Jesús, el cual nos motiva nuevamente a ir más allá de nuestro pensamiento y encontrar en Él la vía que nos anima a seguir adelante.

ENCONTRARNOS CON JESÚS

El hermoso episodio que se nos presenta en este día es la clara demostración de la unión y la intención que debemos ofrecer cada vez que nos encontramos con alguien y pensamos, tal vez, no sea la persona más indicada para evangelizar. El encuentro de Jesús con la Samaritana, junto a toda la belleza del diálogo como tal, nos enseña algunos puntos fundamentales de reflexión.

En primer lugar, nos da la posibilidad de conocer la intención de Jesús: Él se acerca a cada hombre y a cada mujer, sin ver su condición social, cultural, política o religiosa.

En segundo lugar, la Samaritana, al igual que nosotros, reta a Jesús, le hace preguntas, lo indaga y Él no se queda atrás; se une a este diálogo de manera tan perfecta, que ninguna pregunta queda sin respuesta.

En tercer lugar se nos invita a reconocer en Jesús al profeta, al Mesías y a quien nos da la pauta a seguir para adorar a Dios: debemos adorarlo en espíritu y verdad. Este es el modo de conocer a Jesús, de indagar en la vida la insondable muestra de su amor y el modo como debemos seguirlo. Jesús nos dice hoy y siempre: “soy yo, quien te habla” y en los ojos de la Samaritana se refleja la sorpresa, el asombro y el deseo que ese momento no termine ahí.

El hecho de pedir agua por la sed producida en el camino, lleva a reflejarnos en la frescura de esa agua que, por el Bautismo, nos ha hecho cristianos, hijos de Dios. ¡Qué grandeza y misericordia la de nuestro buen Dios! Es algo que nos enseña que su presencia es fundamental en nuestros corazones, en nuestras almas, en todo nuestro ser. En la nueva evangelización debemos recordar a cada momento que Jesús se acerca al pozo de nuestras vidas y nos pide lo mejor de cada uno, ¿qué le vamos a responder?, ¿cuál será la decisión?

MARÍA, MADRE DE QUIEN NOS HABLA SIEMPRE

Nuestra Madre del cielo, María Santísima, nos da ejemplo de cómo seguir los pasos de Jesús: hagamos lo que Él nos diga. La Misión evangelizadora en la que todos estamos llamados a participar, nos encamina a vivir en espíritu y verdad el deseo de llevar la palabra de Jesús a todos. Seamos portavoces del mensaje que escuchamos en el pozo: “Soy yo, el que habla contigo”. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


II° Domingo de Cuaresma, 12 de marzo de 2017

“¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!”
“La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra”.

Iª lectura: Gen 12, 1-4 a; Salmo: 32; IIª lectura: 2Tim 1, 8b-10; Evangelio: Mt 17, 1-9

El Segundo domingo de Cuaresma se llena de luz y se refleja en el corazón del hombre cuando resplandece la esperanza en aquellos que se sientes abatidos por el pecado y la falta de amor hacia el prójimo. Es necesario bendecir, donar los sentimientos buenos que el Señor gratuitamente nos da. Su palabra es sincera, leal, justa y recta, llamado al cual todos debemos dirigir nuestra mirada. La evangelización se refleja en las palabras de Pablo quien nos invita a tomar parte en el trabajo del evangelio, pues con la ayuda del Señor obtendremos la gracia de su salvación.

CON JESÚS ESTAMOS BIEN

Una de las páginas más hermosas del evangelio es esta: la Transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí”. La expresión del apóstol es la de quien, viendo a Jesús y la plenitud de su compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que la luz que irradia el maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida, ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien.

Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluso nosotros. Estar bien con Jesús no es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvemos.

La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: estamos bien con Jesús, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Él nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

MARÍA, TESTIGO DE LA LUZ Y DEL AMOR DE DIOS

María Santísima nos enseña a caminar en Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras concretas, en este tiempo de cuaresma. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


I° Domingo de Cuaresma, 5 de marzo de 2017

UN CORAZON PURO…
“Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu”

Iº lectura: Gen 2, 7-9; 3, 1-7; Salmo: 50; IIº lectura: Rom 5, 12-19; Evangelio: Mt 4, 1- 11

Reconocer el pecado es un gesto de reconciliación y más aún cuando se busca la manera de vivir en paz y unidos a Dios. La liturgia de la palabra de este domingo nos conduce al pensar sobre la rectitud de nuestros actos y al hecho de no dejarnos influenciar por el enemigo. Nuestros primeros padres se dejaron engañar del demonio y creyeron en sus insinuaciones (I° lectura). Este pecado nos lleva a reflexionar sobre lo que debemos hacer para remediar el daño hecho y, con David, pedimos misericordia y perdón a Dios (Salmo). En este sentido, la salvación nos viene por medio de Jesús, hijo de Dios, por quien nos llega el remedio para erradicar de nuestras vidas el mal que nos asecha y nos invade a cada momento (II° lectura).

EL BIEN ESTÁ POR ENCIMA DEL MAL

La presencia del amor de Dios en nuestra vida nos hace reconocer la profundidad de su misterio y el Evangelio de este día nos da, entre otras, una enseñanza muy particular y concreta: el diablo está en el mundo y con sus engaños, trampas e hipócritas insinuaciones quiere hacernos caer en el momento menos pensado. Hace tiempo se nos decía: “el diablo quita la vergüenza al momento de cometer el pecado y cuando llega el momento de la confesión nos devuelve la vergüenza”. Así sucede en la vida cotidiana, nos dejamos llevar de las tentaciones que el demonio presenta: grandeza o delirios exagerados de poder, creerse el centro de la atención, manipulación de conciencias, mal uso del dinero, entre otras cosas. 

El diablo ve con malicia y astucia lo que Jesús puede necesitar en ese momento y le hace propuestas, no insignificante para algunos pero que, ante la Omnipotencia de Dios son minúsculas cosas que no podrían nunca sobrepasar su grandeza y amor. El maligno busca siempre dañar, no tiene ninguna consideración de quien pueda caer, no escatima esfuerzos para destruir el alma de los hijos de Dios y no descansa en los continuos ataques a quienes tratan de vivir de la mejor manera.

MARÍA NOS ACOMPAÑA EN LA CUARESMA

Coloquemos nuestra vida en manos de María, nuestra madre, a fin de que ella sea quien interceda ante Dios por todos y cada uno de sus hijos, y así poder ejercitarnos espiritualmente para ganar la batalla contra el mal y ser portadores del mensaje de paz que, como discípulos y misioneros, todos estamos llamados a extender. Así sea.
José Lucio León Duque


VIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 26 de febrero de 2017

SABER VALORAR…CONFIAR MÁS
“Sobre todo busquen el Reino de Dios y su justicia; lo demás se les dará por añadidura. Por tanto, no se agobien por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”

Iª lectura: Is 49, 14-15; Salmo: 61; IIª lectura: 1Cor 4, 1-50; Evangelio: Mt 6, 24-34

La palabra de Dios en este domingo nos encamina hacia lo que debemos tener como plan de vida: confiar más en la Providencia de Dios y a no juzgar de manera fácil a los demás, dando a cada cosa y a cada persona el valor que le corresponde. Es Dios quien tiene la potestad de juzgar, nadie puede colocarse en el lugar de Dios, solo Él, al final de nuestros días, premiará nuestras acciones.

CONFIAR MÁS EN DIOS… ¿POR QUÉ?

Muchos son los motivos para confiar en Dios, es más, cada día que vivimos debe ser un agradecimiento constante por los beneficios que recibimos de Él. Uno de los motivos es el hecho mismo de ser creaturas, limitadas e imperfectas, que tenemos siempre necesidad de quien es todo y posee todo: Dios. Otro motivo es el hecho mismo de ser imagen y semejanza de Dios y por la gracia del Bautismo somos sus hijos. Él, que es Padre, no nos hará faltar nunca lo que sea necesario para nuestro bien, tanto material como espiritual. ¿Cuál es, entonces, nuestra actitud ante la Providencia de Dios? Si creemos de verdad en Él, nuestro deber de cristianos es colocarnos en sus manos, confiando plenamente en su misericordia.

Ante esto, la reflexión de hoy se centra en la confianza, el amor, el cuidado, la ternura y la atención que nos tiene Dios y cómo nosotros vivimos de consecuencia. Delante de nuestros ojos la injusticia, la indiferencia y otros anti-valores, se extienden cada vez más y nuestras respuestas debieran ser más contundentes y llenas de fe: “El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.”

MARÍA, MADRE DE LA CONFIANZA

Pidamos hoy, en unión con María nuestra Madre del cielo y de manera especial para todos y cada uno de nosotros, el don de la fe, esa fe que nos hace entrar en el corazón de Dios y nos permite dar gracias por el milagro que Él hace en nuestra vida: valorar cada detalle, confiando plenamente en su misericordia, ayudando a los demás, sin exclusión. Así sea.

José Lucio León Duque